He visitado Watchmen en tres formatos: comic, película y un híbrido de comic-película (motion-comic) muy sorprendente en el que las viñetas de Dave Gibbons de algún modo adquirían movimiento sin llegar a moverse. Y ninguno de ellos me ha dejado indiferente. Zac Snyder, conocido por masacrar persas en 300 y atreverse a llevar al cine los trazos feroces de Frank Miller, volvió a hacer un tour de force echando un órdago más. Trasladar al lenguaje cinematográfico una obra tan compleja y rompedora como Watchmen, para muchos el mejor comic de la historia, no es empresa baladí, y creo que la ha cumplido con solvencia reflejando las tintas del original impreso con bastante veracidad y soslayando aquello que, si en el comic cumplía su función perfectamente a la hora de articular la gramática tan singular del guión de Alan Moore, en el celuloide digital hubiera sido un lastre a la línea argumental principal ya de por sí bastante enrevesada. Así sucede por ejemplo con la subtrama pirata del Navío Negro leída a su vez por en otra novela gráfica o la cuidada estructura de cada capítulo (simétrica, cronometrada, etc).
Quizás la primera vez que me topé con las viñetas de DC me fascinó el laberinto de Moore y me pareció demasiado arcaica la mano de Gibbons, pero con las sucesivas revisitaciones la sombra de los Vigilantes ha ido ganando enteros y cada vez me encuentro con más rincones y dobleces que desentrañar. Tal vez aún no se hayan marchado del todo y sigan vigilándonos.

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