Hacía tiempo que no sentía estas emociones leyendo un libro. Me refiero a escalofríos, piel de gallina, vello erizado, apretura en el corazón, voz quebrada, hasta ojos húmedos. Y no ha sido un best seller de terror ni un novelón romántico, no, que va, si no un sencillo libro entre biográfico y periodístico escrito a caballo entre el protagonista y David Oliver Relin que, desde que se editó, el boca a boca a hecho de él un verdadero río incontenible.
Las Tres tazas de té que Greg Mortenson se tomó en la casa de Haji Ali en Korphe me han sabido a gloria y me han abierto en mi interior puertas, ventanas y agujeros que por alguna razíon se ve que no estaban bien tapados. Las frías corrientes de los vientos del Karakorum han hecho volar copos de nieve por mis rendijas alterando mi compostura de manera insospechada y tocando fibras muy pero que muy sensibles. Tal vez me haya pillado en un momento especialmente blandito, no lo sé, pero las andanzas, desvelos, secuestros, alegrías y triunfos del gigantón de Montana me han conmovido profundamente hasta el punto de creer ciertamente que el empeño, voluntad y corage de un solo ser humano pueden mover montañas tan grandes como el K2 o la locura de los hombres.
Después vienen las críticas, las envidias, las supuestas mentiras, los reportajes de investigación, los destrozamitos, los intereses ocultos, las ganas de tocar las narices. Ahora parece que todo lo bueno es malo, que todo es una estafa, un gran engaño, un montaje para vender libros, que noy ni una palabra de verdad en todas las páginas y que el dinero del CAI es para Greg solito. No sé qué pensar de tanta mala baba y de noticia bomba. Yo no sé si Mortenson hizo en el Baltistán la mitad de lo que cuenta o si el dinero recibido en su fundación no está todo lo bien gestionado que debiera (entiendo que a la gente que dona dinero no le siente especialmente bien que esa pasta no llegue a su destino), pero honestamemte creo que con que sólo haya ayudado a construir una única escuela en esa zona dejada de la mano de Alá, ya ha hecho más que la mayoría de nosotros.
He dicho y he vuelto.

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