Un rato de esos en casa en que no sabes muy bien qué hacer, entre que no da tiempo a enredarse con tareas demasiado arduas, que estamos en verano y el cuerpo no pide guerra, y que el calor aplasta contra el sofá de manera sorprendente, eché mano de la pila de DVDs acumulados y me tumbé a ver una película de esas que vi en el momento de su estreno en la butaca de un cine y que, salvo algún ocasional pase en la tele trufada de anuncios, no había vuelto a sacar del sueño de los justos.
Y ley de probabilidades quiso que fuera una de los hermanos Coen, en concreto la para mí última gran película de ellos: O Brother (que en original alarga el título con Where art thou?). Y es que después de ella, o algo ha pasado con el genio y la frescura de los hermanos, o quizás me ha pasado a mí, que ninguna de sus obras posteriores ha conseguido convencerme y atraparme, por no hablar de desternillarme, como las anteriores. El hombre que nunca estuvo allí, la siguiente en la lista, no estaba mal, pero algo me decía que las cosa empezaba a torcerse. Con las dos siguientes ni siquiera me molesté en ir al cine a verlas y, aunque con las últimas han recuperado algo de su ritmo y el pulso que se les supone, me temo que los grandes tiempos nunca volverán. Muerte entre las Flores, Arizona Baby, Fargo o El Gran Lebowski quedan para el museo de obras de arte.
Pero O Brother, en esta nueva revisión, me ha seguido pareciendo tan divertida y bien acabada como en su primer visionado, con una versión sutil y muy personal de la homérica Odisea en un Mississippi racista y algodonero. Con un trío estelar sembrado y inspirado, ese Turturro que nunca defrauda y un Clooney desatado que le confirma como uno de los mejores actores de comedia del momento actual, capaz de emular al gigantesco Cary Grant en estas lides.
Y si me quedo con un momento de la película, que no es fácil, apuesto por esa interpretación en el escenario, escondidos tras luengas barbas postizas cuales ZZ Top de los años '30, del éxito que arrasaba en las listas locales en el transcurso de la cinta, Man in Constant Sorrow. Impagable.

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