jueves 26 de agosto de 2010

DESDE EL ESPACIO EXTERIOR



 

 
Aunque parezca mentira aún es posible encontrarse en la televisión sin codificar con películas antiguas en blanco y negro. Y no sólo eso, sino una serie B de los cincuenta en su esplendor. Pero sucede.
 
Lo que en mis años de infancia era habitual, poder pasar la tarde o la noche disfrutando con las aventuras, pasiones o terrores del cine de mitad del siglo XX, en cualquiera de sus géneros, delante del único televisor de la casa y en una de las únicas dos cadenas que emitían (la primera cadena y el glorioso UHF), se convrtió en tarea casi imposible con el paso de los años y la invasión de cadenas privadas que multiplicaban la oferta de películas y pases cinematogáficos pero sin ofrecer otros platos en el menú que estrenos de los últimos años o telefilmes lacrimógenos made en los USA. Y ha tenido que ser con la llegada de la miríada de canales digitales que surgen por arte de magia de una cajita llamada TDT para que algún osado se descuelgue con emisiones de películas ancianas, en blanco y negro, a veces sepia, en ocasiones en malas copias borrosas, que recuperan para el siglo XXI festines del celuloide de antaño que eran coto del DVD, los canales temáticos o las copias de culto.

Como es de justicia citar al pecador, comentaré que estaba un día de agosto a media tarde planchando el sofá cuando, mando de la tele en mano, y subiendo canales más allá del límite de los que habitualemente sondeo, cuando al llegar a VEO TV se me echaron encima una imágenes que nada más verlas pude identificar en sus rasgos más básicos: peli en blanco y negro, pinta de los años '50, actores  poco conocidos, trama pseudocientífica..., para qué quiero saber más: una olvidada serie B de ciencia ficción de la edad dorada del género. Y lo que era mejor, no me sonaba haberla visto. Gracias a la info del TDT averigüé al instante, como sospechaba, que se trataba de Vinieron del Espacio (It came from Outer Space) de 1951, uno de los títulos sagrados de Jack Arnold, que desde que el Increible hombre menguante me dejó patidifuso en su combate con la tarántula y sus reflexiones sobre la existencia, firmó sus poderes como director capaz (aunque ayudado por las palabras del  gran Richard Matheson)

El metraje, como en casi todas las de su especie, fue corto, pero suficiente para confirmarme que el pulso del director no era flor de un día. A pesar del tiempo la cinta mantiene su frescura y el punto de seriedad necesario para no caer en la pantomima de tantas otras de su pelaje. Y, seguramente obligado por la falta de medios, el recurso de apenas mostrar a los invasores salvo en contadas ocasiones, para horror del astrónomo protagonista, se revela como una de las mejores bazas de la cinta para mantener la tensión y la salsa de la película. El juego de tomar la personalidad de los humanos y entrar en el laberinto de saber quién es quién termina de aliñar el plato. Las palabras de Richard Carlson en la conclusión avisando con gesto grave a Barbara Rush de que aún no estábamos preparados, pero que volverán, da el tiro de gracia.