El otro día rescaté del fondo de cosas pendientes (que se está volviendo inabarcable) la película Freaks de Tod Browning, del año 1932, que dormía en mi colección de DVDs esperando ser revisitada en cualquier momento. La cinta me pareció tan deliciosamente transgresora como la primera vez que la vi en la pantalla grande del Cine Doré. Tan provocadora e inusual que la llevó a ser apartada de la luz durante largos años hasta que fue recuperada para la humanidad en un Festival de Venecia de los años '60. Es difícil encontrar un calificativo adecuado para tan extraño film que, por obra y gracia de Browning, no encaja en ningún corsé en el que se le quiera encasillar. Punto a su favor, set y partido.
Pero junto con La Parada de los Monstruos iba de regalo otra película del mismo realizador, en esta ocasión muda, de 1927, titulada The Unknown, que en España se llamó con el desconcertante título de Garras Humanas. Curiosamente ambientada en un Madrid gitano y guitarrero, la película narra el pavor de Manon, hija del director del circo, a que mano de hombre se le ponga encima (hasta que el forzudo Malabar le hace cambiar de opinión) y la desdicha de Alonso, el lanzador de cuchillos manco de los dos brazos, para mayor inri, interpretado de manera descomunal por Lon Chaney, que la ama en secreto. La obra es redonda de cabo a rabo llegando a la cumbre cuando Alonso acude a ver a Nanon con los dos brazos horriblemente amputados tras su meticuloso plan, esperando vencer así de una vez por todas las barreras y temores. Nosotros, y no él, sabemos que la chica a esas alturas ya se deja rodear el talle por Malabar (y de qué manera), y nos regocijamos en el horror que nos produce la anticipada reacción de Alonso cuando se entere que su sacrificio no ha servido para nada. Tremendo. Sí, ya sé que cuento el final y destripo lo indestripable, pero hoy me siento un poco destripador.
Desde luego Tod Browning firmó su sentencia con el cine con el órdago lanzado con Freaks, pero en el camino dejó obras como Garras Humanas, Los Pantanos de Zanzíbar, o Drácula (la que abrió por la puerta grande el ciclo de horror de la Universal en los años '30 con Lugosi desatado) que lo alzan al panteón de los ilustres.

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